Salar de Uyuni

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El viaje al Salar de Uyuni fue una experiencia increíble, la verdad, aunque llegar hasta allí no fue nada fácil. Cogimos varios transportes: primero un avión desde Trinidad hasta Sucre, y desde allí seguimos por tierra.

Lo más memorable —y lo que más miedo me dio— fue el taxi desde Sucre hasta Potosí. Las carreteras en Bolivia no son las mejores del mundo, la verdad, y ese trayecto se me hizo eterno. Desde Potosí cogimos un autobús que por fin nos llevó hacia el salar.

Cuando llegamos, me sorprendió: Uyuni no es una ciudad con mucho. Hay mucha arena y polvo por todas partes. No es lo que uno se imagina antes de ver el famoso salar.

Fuimos juntos en un 4×4. El cinturón de seguridad no funcionaba —algo muy común por allí—, y la verdad es que todo el viaje me dio un poco de miedo. Pero el conductor era muy simpático: después de un par de horas ya nos había cambiado la música para ponernos la nuestra.

El tour duró dos días. El primer día recorrimos el salar en sí: hicimos las típicas fotos de perspectiva, vimos el “ojo del salar”, los montones de sal y el famoso hotel de sal. Esa noche dormimos en un pueblo muy tranquilo, muy oscuro y muy seco.

El segundo día fuimos a la Isla Incahuasi, llena de cactus enormes, y vimos el amanecer. Después seguimos hacia las lagunas de colores, con sus flamencos, y cruzamos el desierto antes de volver al salar. No seguimos hasta Chile porque no teníamos tiempo, pero aun así fue un viaje inolvidable.

Pero sobre todo, merece la pena por el paisaje. Es muy especial y tan bonito.

Viajé con mi pareja, y a pesar de lo duro del camino, fue una aventura que no olvidaré.

Oriente Petrolero contra GV San José

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Asistí a mi primer partido de fútbol en Bolivia: Oriente Petrolero contra GV San José. El estadio estaba lleno de color y ruido, una mezcla de cánticos, bocinas y olor a comida callejera. Tuvimos la suerte de estar en la zona de sombra, justo enfrente de los banquillos, con una vista perfecta del partido.

La intensidad del público me recordó por qué el fútbol aquí no es solo un deporte, sino casi una religión. Fui con mi novia, y era su primer partido de fútbol en directo. Es una pena que no se pueda comer ni beber nada dentro, porque durante todo el partido se veían muchas bebidas frías y comida típica boliviana.

La Máquina Verde fue claramente más fuerte en casa. Me pareció que los jugadores de Oriente son más técnicos que algunos equipos de Escocia, y su afición, sin duda, una de las más apasionadas que he visto.