El día 1746 Londres desde París

Eurostar. Después de mucho tiempo esperando a que llegara el tren, por fin pude subir a bordo. La experiencia en general no fue tan mala como pensaba. Durante el trayecto la velocidad no fue muy alta en algunos tramos, aunque se notaba la comodidad del viaje. Cuando entramos en el túnel esperaba que el tren alcanzara la máxima velocidad, pero no fue así. Aun así, me gustó la sensación de estar viajando bajo el mar, algo que siempre me parece impresionante. Al llegar a destino, pensé que el viaje había sido una buena manera de cruzar de un país a otro sin necesidad de volar.

Salí de la Gare de l’Est y, en pocos minutos a pie, llegué a la Gare du Nord. El trayecto es corto, pero se siente la energía de París: viajeros que corren con sus maletas, cafeterías llenas y un ambiente cosmopolita que conecta perfectamente con la idea de estar en tránsito. Caminar entre estas dos estaciones es casi como vivir un pequeño resumen del espíritu parisino: movimiento constante y mezcla de culturas.